viernes, 21 de noviembre de 2014

Adiós, reinas. Hola, duquesa.

Yo tenía que hacer un reportaje. Ocho mujeres pateadas por la vida. Ocho mujeres solas. Hermanas de cartón. Enganchadas. Ocho mujeres agredidas. Sexualmente, balbuceaba una. Ocho mujeres que han encontrado a otra mujer, que las ha cargado de esperanza. Que está pegando con cuidado los trocitos de su autoestima. Que las apoya para que puedan volver a ir por su vida perra con la cabeza alta, domándola poco a poco, sin dejarse acostumbrar a los malos ratos. Era una historia preciosa. El martes por la tarde las vi, por las calles de Sevilla, con sus tocados. Dignísimas, orgullosas de lo conseguido. Peinadas con cuidado. Maquilladas. Preciosas. Yo tenía que hacer su reportaje. Yo tenía que contar su historia. Para ellas y para todas las que como ellas estén buscando un espejo en los medios. Para que otras mujeres pisoteadas supieran que hay una salida. Que las drogas, la prostitución, la calle... tienen fin. Que sí que se puede. Que hay hombres y mujeres queriendo ayudarlas. Quería ser la periodista que las hiciera sonreír cuando vieran el informativo de fin de semana. Quería ser la periodista que les arrancara el brillo en los ojos cuando se reconocieran en la pantalla. 

Pero no. Me he pasado dos días haciendo otro reportaje. La fotografía popular y el color de un funeral que tendría que avergonzar a la ciudad. El que ha cortado el transporte público en el centro para dar paso a un cortejo privado. El que ha detenido el tiempo en el ayuntamiento porque los concejales tenían que pasar más tiempo en el salón de plenos que los propios deudos. El que ha llevado a 80.000 personas a un velatorio de banderas y escudos de armas. 7.300 dolientes a la hora, 120 curiosos por minuto, 2 individuos por segundo. Me he pasado dos días contando cómo trescientos desocupados esperaban ver salir un coche de un palacio que no han pisado ni pisarán. Dos días relatando cómo visitantes, gente simplemente curiosa o -inexplicablemente- afligida pasaban por un salón de plenos al que podrían ir cuando de verdad se utiliza para lo que sirve, pero no. 

Dos días dibujando con palabras la despedida de la ciudad de una mujer, probablemente encantadora, pero sin méritos públicos conocidos. Dos días robados a una historia de verdad. Dos días avergonzada de mi país, de la ciudad donde vivo y de 80.000 de mis vecinos. Dos días de ingratitud a 8 mujeres que desnudaron sus miedos, su pasado, su esperanza y sus anhelos en mi cara. Dos días de deslealtad a 8 mujeres que confiaron en mí. Dos días de traición a 8 mujeres que no se merecen ni una traición más. Dos días de indignidad para contar el funeral de una terrateniente millonaria y simpática.

Estuve el martes en la presentación de los actos del 25 de noviembre. Uno de los participantes recordó una frase de Madelaine Albright: "Hay un sitio especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres". Estos dos días me he ganado un espacio en él. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

Gracias por alquilarte para soñar

Ya decían las malas lenguas del oficio más hermoso del mundo que te hundías en la tiniebla, y no había sido por chupar encantado los tiernos caballitos amarillos del insomnio. Te imagino gateando, buscando la luz, encontrando en su lugar a Manuela Sánchez de tu desastre que no estaba escrita en la palma de tu mano ni en el asiento de tu café. Manuela Sánchez de tu locura que se gastaba tu aire de respirar. Se te llevaron como a los niños que viajaban en aquel barco. Ojalá te acompañen tus putas tristes, Ojalá que las pájaras más percudidas de donde estés se disputen la suerte de dormir contigo y den alaridos de degolladas cuando hagáis como los cangrejos. ¿Fueron las raíces de barbasco? Las que miraste como si te las fueses a comer y en efecto te las comiste, señoras y señores, ¿fue esta la única vez que te fracasó la ciencia? 

Que lo pulsen los telégrafos, que te lloran los Buendía y los Daza, los Nasar y los Linero, los Vicario y los Guzmán. Que lo pulsen de Macondo a Riohacha, que te asfixiaste en un sahumerio de almendras amargas, que fuiste el ahogado más hermoso del mundo, la Mamá Grande en su carnaval, que te falló la escalera bajo los pies y quedaste un instante suspendido en el aire. 

Que pulsen que, en realidad, no eras Gabo, que tenías cara de llamarte Esteban. Gracias por el cadáver exquisito de mi compadre de toda la vida, el general Rodrigo Aguilar; por las cartas recíprocas de Florentino Ariza, que era feo y triste, pero todo amor; gracias por la abuela desalmada, desnuda y grande, como una hermosa ballena en la alberca; gracias por la mortaja de Amaranta, la labor más primorosa que hizo una mujer; por el embalsamador de virreyes que les componía una cara de tanta autoridad que gobernaban muchos años mejor que cuando estaban vivos; gracias por los milagros vendidos de Blacamán y las oropéndolas pintadas de Bendición Alvarado; gracias por los pescaditos del coronel y el solimán de Melquíades y las sábanas de Remedios la Bella; por los soldados que enrollaban para robárselas las praderas azules del mar; gracias por soñar aquella casa ladrillo a ladrillo 

¿Quién se ocupará de que no haya flores en tu funeral? ¿Te levantaste hoy para esperar el buque en que llegaba el obispo? Te marchas, señor muy viejo con unas alas muy grande, con un aleteo de buitre senil, volando sobre las aguas de la muerte de tus lebrillos ¿Quién te puso frente al pelotón de fusilamiento? El que lo hizo no sabe que hay órdenes que se pueden dar pero no se pueden cumplir, carajo, pobres criaturas que nos quedamos sin ti en estos tiempos del ruido. Los gallinazos te guarden, Gabo. Gracias por alquilarte para soñar

viernes, 14 de noviembre de 2014

Me violaron

No me lo ha dicho así. Me ha mirado con sus ojillos pequeños y miopes, a través de unas gafas un poco sucias. Me ha contado que la agredieron. Le cuesta trabajo pronunciar la palabra "agresión". Se para y aclara: "sexual". Antes me ha confesado que era toxicómana. También le resulta difícil decir toxicómana de un tirón. Le calculo 50 años, pero también me ha dicho que pasó algunos en la calle y ya no sé qué pensar. La intemperie desgasta, la pobreza envejece, la droga probablemente ha apagado su piel. 


Intenta mantener la mirada fija en mí, como le ha pedido el cámara. Es obediente y hace esfuerzos por no mirar el objetivo, pero de vez en cuando las pupilas se le disparan hacia el rabillo del ojo. La veo tensa. "Me agredieron", vistazo furtivo a la cámara. "Sexualmente". Le tiembla la piel que le cuelga en la comisura de los labios, el orgullo detiene la humedad en sus ojillos pequeños y miopes. Yo no le he preguntado. Me cago en la puta, yo no le he preguntado. Yo no lo quería saber.
Sus compañeras me han hablado de agresiones en abstracto, de engaños, de abusos de confianza. Serán experiencias personales o no, ninguna profundiza mucho y yo no insisto. "Tenemos que dormir juntas, pero incluso así es peligroso. Estás sola, sola, siempre sola. Incluso con tus hermanas de cartón. Siempre estás expuesta". Pero ella no. Ella no habla en abstracto. Ella está ahí de pie, mirándome a la cara y componiendo con trabajo tres palabras: "Me agredieron. Sexualmente" ¿Se creerá que me tiene que contar todo porque es la tele? 

Trago saliva. Cambio de tema y le pregunto por la actividad que yo iba a cubrir. Le está costando horrores, pero intenta responder. Es obediente y se ha pasado años en la calle y la agredieron sexualmente y se está desintoxicando y la está enfocando una cámara y yo le aguanto un micro en la boca y me intenta contestar y no sé si es porque no se ve capaz de decirme que no me lo quiere contar, que no puede seguir hablando, que va a romper a llorar. 

Tengo que parar. Paro. Le digo que no vamos a seguir, que lo está pasando mal. La abrazo de mentira porque no estoy pensando de verdad en ella. En realidad estoy pensando en que ese pedazo no lo podemos emitir y que tengo que hablar con un responsable, si lo encuentro, para avisar.
Pero he llegado a casa y cuando he encendido la cafetera toda esa frase me ha vuelto a golpear. Ahora sí. Un puñetazo en el estómago, una quemazón en el pecho, una mano aprentándome garganta. La agredieron sexualmente. Y lo dice así porque así lo llamarán en terapia. O porque agresión sexual puede no sonar tan sucio, tan desgarrador, tan agresivo, tan medieval, tan incivilizado como violación. Pero la violaron. La violaron porque era pobre, porque estaba sola, porque era débil. La violaron porque era mujer. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

Mundialito FICC

 Si esto fuera el cluedo diríamos "Isa, en casa de Xose, con coches chocones", pero no lo es. Es el Mundialito FICC. Es un crimen, pero musical. 

Ante las ausencias (algunas más justificadas que otras) de tres de los concursantes clásicos, hemos habilitado esta versión reducida del FICC. La fama del Festival ha cruzado Despeñaperros y el Macizo Galaico Leonés y ha atraído visitantes de lejanas tierras. No podíamos fallar. Ni decepcionar. Y no lo hicimos. ¿Por qué? Porque tenemos oídos de titanio y estómagos a prueba de cualquier cosa. Sí. ¡Espartanos! ¡Este es nuestro oficio! ¡Espartanos, si los persas hubieran traído estas canciones en vez de timbales, hubiérais dicho, "Cucha, Leónidas, que esto lo defiendes tú solo, si tienes huevos"!

En esta edición, con dos concursantes veteranos y dos concursantes noveles, se ha visto que la experiencia es un grado, conocemos a nuestro público. 

Primera Ronda 
Dame, Dame de Xose
Mi cojón De José Manuel
Coches Chocones de Isa
Mala señal de Misa 

Empate entre Dame Dame de Xose y Coches Chocones. Ésta última, reconocida posteriormente como el tema del Festival. 

Segunda Ronda 
La Guarida del Amor yo creo que debería ser el cajonazo. El estribillo es lo más pegadizo de la historia... De Xose 
La Picadura de la cobra gay de José Manuel 
El Protoplasma de Isa. Pienso adoptar lo de te voy a chupar todo el protoplasma en mi vocabulario. 
Ancestors Lo más raro, es que la gente paga por ella. Firma Björk y es la propuesta de Misa. Yo lo he denominado como "baza Bosé", muy insoportable.  

Ganadora de la Ronda "El Protoplasma" 

Final 
Di papá Mi canción 
Cocoguagua (versión Camela)

Aunque volvieron a empatar, Xose cedió la victoria ante los coches chocones. 

Nos llega propuesta fuera de concurso de Jesús, desde Cádiz. La oímos y constatamos que hubiera sido una dignísima participante Tú me pixeleas

Hasta aquí #MundialitoFICC Amenazamos con volver, porque es increíble la cantidad de mierda que todavía rula por internet. 




sábado, 10 de noviembre de 2012

Hasta luego

Todos tenemos traumas infantiles. Al menos eso espero, ya que te hago la confesión. Vale, digamos no traumas, desengaños. Yo, por ejemplo, terminaba frustrada cada vez que al Coyote le salía el tiro por la culata y terminaba el episodio con hambre, mientras que el Correcaminos acababa siempre con el buche lleno. Lo mismo me pasaba con las películas de Disney. ¿No te horrorizaba que esa absurda princesa sin más virtudes que una melena suave y una sonrisa de pánfila triunfara sobre la "Mala"? La Mala normalmente era una mujer con cejas muy bien depiladas que dedicaba los noventa minutos de la película a planificar con cuidado la anulación de una princesa que, para ser sinceros, aportaba bastante poco a este mundo. La Mala ponía su tiempo, su esfuerzo, su inteligencia y sus recursos en conseguirlo. Y al final, ¿para qué? Para que la pánfila -normalmente acompañada de otro pánfilo- le ganaran la partida. Real como la vida misma, pero igualmente indignante. La vida me dejó a Maléfica devorada por un dragón y a la Madrastra hundida en sus miserias. La realidad, inmisericorde, me mostraba a un Venger caído al final de cada episodio. 

Y no contentas con eso, con cinco añitos y medio la vida y la realidad me pusieron otro desengaño en el camino. A pesar de toda mi insistencia de que yo lo que quería era una hermana, mis padres me pusieron en casa un niño con el que me tocó repartir las atenciones que hasta entonces habían sido sólo mías: las de mis abuelos, mis tíos, mis padres... todos. Indignante. Apenas tengo recuerdos de él de bebé. Luego sí. Luego me tocó llevarlo al cole a diario y dos o tres días a la semana, a natación. Yo era seria, él un chinche. Yo responsable, él un chufla. Fueron años de estrés diario, de lunes a viernes. Para quien me llame exagerada, diré que hasta entonces, yo tenía el pelo liso. Afortunadamente creció. Y empezamos a encontrar zonas comunes. 

Desafortunadamente, creció más y cuando salíamos de los puntos comunes ya no podía pegarle porque me sujetaba la frente con un par de dedos y yo manoteaba en el aire, en vez de sobre su cuerpo. Y tenía que volver a los puntos comunes. Al principio, fuera de este universo. Juntos hemos derrotado a brujas y a dragones. Hemos sacado de apuros a piratas y rescatado a princesas. Pánfilas también -mea culpa. Hemos leído a Harry Potter por turnos, nos hemos descubierto libros y hemos compartido series y comida china. Con el tiempo hemos aprendido a hacer rabiar a mi madre, hemos enseñado a mis primos pequeños a nadar y es de las pocas personas con las que puedo compartir espacio en la cocina. El año pasado, incluso se vino unos días con su novia y mis amigos a Portugal. Lo bueno, lo mejor, siempre se hace esperar. Ese niño chinche que llevaba de un lado a otro, ha empezado a ser bastante útil desde que sabe informática, llega a los estantes que yo no alcanzo y te lleva y te trae de las reuniones familiares porque no bebe casi nada. Claro, que me debe muchos años de cuidar de él en los pasos de cebra. 

Hoy hace una semana que lo dejé en una estación camino de Austria. De hecho, yo me he sentado a escribir un post sobre la externalización de la educación superior que se está llevando a cabo en el Centro de Europa y cómo el auténtico despilfarro de este país es gastarse una pasta en enseñanza pública para que la aprovechen otros. Sobre cómo mi hermano, como otros miles de españoles han hecho su trabajo: se han preparado, se han formado. Sobre cómo una panda de votantes, empresarios y políticos inconscientes no han hecho el suyo. Pero no tengo ganas. Estoy triste hasta para encabronarme. Y si me conoces, sabes que ése es mi grado más alto de pena. 

Durante las últimas semanas he observado su Facebook. Las canciones que colgaba, supongo, desde su angustia. Como ésta. Decía Alfonso X que el idioma de la poesía era el gallego. En este país, también es el de la emigración. O el video que le colgó a mis padres cuando se marchó. Os dije que era un chufla. Me imagino que su novia tiene a su disposición una amplia variedad de canciones de distancia y no verse y esas cosas. Yo no. No tengo ninguna que cuente lo que se siente cuando tu hermano pequeño se marcha. Afortunadamente, siempre nos quedan los Simpsons

domingo, 30 de septiembre de 2012

Perros contra porras

Acabo mis vacaciones. Y he vuelto a reconectar, en ello ando, por lo menos. Decidí hace un par de años, o más o menos, no sé... que vacaciones para mí también significaba apagón informativo. Ahora, aterrizando en la realidad, aterrizando poco a poco, estudiándome el caso Mercasevilla..... he visto las cargas policiales. Los gritos de los supuestos infiltrados, soy compañero, la brutalidad, el caos, gente joven, gente mayor, ciudadanos. Y en frente, antidisturbios. Ciudadanos ejerciendo de antidisturbios. Pero no parecen ciudadanos, ni siquiera personas. La indumentaria, el casco, la porra... Toda su imagen esta hecha para recordar a Robocop en vez de al personal que tienen enfrente. Parecen un muñeco de los malillos, de los que les tocan a los niños como premio de consolación en las tómbolas de feria. Y mientras miraba esa muralla azul, cómo envolvía a la manifestación, cómo embestían... me he acordado de uno de ellos. Del único antidisturbios con el que he compartido charla. 

Creo que me dijo su nombre, pero siempre he sido mejor para las caras y la suya la recuerdo. Expresión infantil, dientes pequeños, bajito para antidisturbios, rubio y jovencito, con una de esas pieles tan delicadas que ya comenzaba a arrugarse en el entorno de los ojos y en el entrecejo. Llevaba una semana participando en la enésima búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo. Las heridas estaban recientes. La sentencia había salido hacía muy poco y pocos estaban conformes con ella. Menos que nadie, con permiso de la familia, la Policía. Él sabía, igual que sabía yo, que la búsqueda en la Ruta del Agua era un esfuerzo vano. Una concesión del juzgado a una familia destrozada y con una capacidad asombrosa de movilizar a los medios de comunicación. Pero él estaba ahí, vigilando la zona, sin querer quejarse a pesar del frío. Y ahí estaba yo, esperando a que se marcharan para poder contar que se acabó. 

Creo que quiso ligar conmigo. Me preguntó por mi trabajo, por mi currículum, por mi ciudad, por lo que me quedaba de día... Al final hasta por mi perfume... Yo no quería ligar con él, pero tenía curiosidad por oír a un UIP y muchas cosas que preguntarle al primero que se me ponía a tiro. Le seguí el rollo. Me contó su vida, cómo había conseguido regresar a casa después de unos años fuera, su experiencia en la academia. No recuerdo casi nada, sólo que él nunca soñó con convertirse en policía. Yo quería ser veterinario, pero me tenía que ir a Córdoba. En mi casa, ahí en el Cerro, no había dinero así que.... Y se encogió de hombros. Le pregunté por cómo se sentían después de que tres de los cuatro detenidos salieran en libertad, qué pensaban cuando hasta en televisión se lamentaba que la policía no pudiera recurrir a "otros métodos" para obtener una confesión. Eso dije, "otros métodos". Él pasó del eufemismo. Ni es periodista ni político. Me contestó simple y llanamente que él no se veía capaz de torturar. Que no quería ni pensar en qué podría entrarle por el cuerpo, ese cuerpo tan pequeño para ser antidisturbios, si en algún momento le decían de machacar un dedo a un detenido. Sólo de ocurrírsele, le asomaba el miedo a los ojos y la voz. Y eso, aún reconociendo que detestaba a los cuatro imputados. Claro, le contestaba yo, así se siente más de media ciudad. Pero no es lo mismo, nosotros los hemos visto, los hemos visto cómo se reían y nos han hecho quedar tan mal.... Hablaba con odio. Desde las tripas, como otros muchos en los bares. Pero también desde la honrilla del cuerpo ortigada, después de que la investigación se dispersara en el laberinto de mentiras que construyeron unos chavales.

Y cuando hoy he picado y se me han ido las manos de los textos de Mercasevilla a los videos de las manifestaciones... Cuando he visto a la policía golpear a los ciudadanos, en ocasiones con saña.... me he acordado de este chico, tan pequeño, de voz tan tímida, tan normal y tan corriente que cuando esté de paisano, nadie se fijará en él y que se confesaba incapaz de hacer daño, incluso a quien odiaba. Me he preguntado si lo habrán mandado de refuerzo a Madrid. Me muero por saber si cuando vio a toda esa gente por la que no sentía ni odio ni amor, se bajó el visor del casco y miró la porra, pensó en que esas manos querrían estar acariciando un perro. 

Jamás me pidió el teléfono. 

martes, 1 de noviembre de 2011

Doce canciones chungas, una noche de terror (Segunda Parte)

Festival Internacional de la Canción Chunga (FICC) Segunda Edición 

Continuamos, un año después, nuestra tradición de una noche de terror musical para conmemorar la noche de Halloween. Después de un primer año piloto, hemos afinado un poco las reglas, pero la esencia sigue siendo la misma. Inspirados en Eurovisión, cada concursante presenta dos canciones (una por ronda) y guarda en la manga el as, en caso de que llegue a la gran final. Hemos ajustado la manera de repartir las puntuaciones para premiar la regularidad y, este año, hemos contado con un miembro del jurado absolutamente imparcial con potestad de repartir más puntos que los propios concursantes.

lunes, 11 de julio de 2011

Mamás

Paloma. Por María José Carmona
Siempre había pensado que las madres son de otro planeta. Un planeta donde a las mujeres les encanta la verdura "porque es muy sana". Un planeta bendito, donde el zumo de naranja puede esperar unos minutos, a diferencia de lo que sucede en nuestro planeta triste donde hay que bebérselo muy rápido "porque las vitaminas gatean". Seres extraterrestres, que ponderan las ventajas de la fruta por encima de las del chocolate "porque hace que te salgan espinillas" y "esta manzana es la golosina de la naturaleza", y que pueden controlar las aceitunas que toman "porque si comes más de tres, duele la barriga". 

martes, 21 de diciembre de 2010

A mí también me va a tocar el gordo

Esta noche son los Reyes para las personas mayores. Para quienes ya han perdido la inocencia y el romanticismo,  para quienes creen que si tres señores con sacas a la espalda se cuelan en tu casa de madrugada es para llevarse un botín, no para dejarte regalos. Esta noche es la noche en que soñamos, como antiguos alquimistas, que un papelito impreso nos va a convertir en oro, como si nos tocara el Rey Midas. Todos son mitos, para sociedades antiguas, para impresionar a los niños, para camelarse a monarcas o para que podamos soñar al menos durante una noche, como hizo Segismundo, que al día siguiente seremos libres de nuestras cadenas.

Es la noche de las cábalas, de buscar significados ocultos, de la aritmancia de la ilusión. Yo, por ejemplo, estoy segura de que me va a tocar el gordo, porque el número que llevo es -con las cifras cambiadas de sitio- como el que trajo el Primer Premio al Bar del Ventorrillo que es, justamente, donde me voy a cubrir las primeras horas de lotería. Y eso tiene que querer decir algo, ¿o no?

Y aunque sé que mañana me dirán en la calle, que lo que ha caído sólo va a servir para tapar agujeros, y posiblemente sea verdad, esta noche Hacienda no nos ha puesto los pies en el suelo ni sabemos lo que corresponde con un décimo ganador del quinto premio. Esta noche todavía podemos permitirnos soñar con un viaje, con una casa, con olvidarnos de estar sin trabajo desde hace meses, con un coche nuevo.... O soñar con cosas menos materialistas. Soñar con hacerle un corte de mangas al jefe, con dejar el tajo aunque sólo sea un año para escribir la novela que nos arde en los dedos cada sábado por la tarde y que nunca terminamos de esbozar, con invitar a los amigos o a la familia a una gran fiesta, con asegurar la educación de un hijo... 

En el fondo, los anuncios de la Lotería nos encantan porque dieron en el clavo desde hace mucho tiempo: lo importante (para la gran mayoría que no se lleva ni la pedrea) no es el premio que te toque, es la ilusión que te da. Para ser sincera, no creo que vaya a ganar el Gordo pero estoy disfrutando tanto pensando en lo bien que me lo pasaría, que tanto da. Y lo cierto es que me encantaría que me tocara para hacer como la gente de la tele. Mi gran ilusión oculta es poder bañarme en champán.  

martes, 14 de diciembre de 2010

¿Y la OCDE no pregunta por el váter?

La gran diferencia de desarrollo de los países no está en la renta per cápita (la estadística es la ciencia que dice que si una persona se come un pollo y otra nada, cada una se ha comido medio pollo); ni en las emisiones de CO2 con las que se puede trapichear, como en Portobello Road, donde se compra y se vende hasta el sol; ni siquiera en dónde se puede fumar y en dónde no. La calidad de vida de un país y, lo interesante, que es la de la gente que vive en él, se mide en los pequeños detalles como los baños públicos.

Día dos de diciembre de 2010 a.c. (antes de los controladores). Baños públicos del aeropuerto de Sevilla.

martes, 2 de noviembre de 2010

Sobredosis de testosterona

De Spreadshirts.co.uk
Así estoy yo leyendo los periódicos las últimas dos o tres semanas, con los estrógenos tan bajitos que se me pegan en las suelas del zapato y está empezando a salirme barba. ¿Quién necesita hormonarse cuando podría abrir El Mundo o El País o cualquier otro periódico y sentir como se le hinchan los huevos y no sólo metafóricamente hablando?

Yo no vi a Moratinos llorar, ni he buscado las imágenes después ¿para qué?. ¿A qué viene castrar a este señor, aunque sea una licencia literaria? ¿No es precioso que con la edad de este señor, con la carrera de este señor, se emocione al marcharse de un trabajo en vez de suspirar por la jubilación? A lo mejor es más emotivo dejar Exteriores que dejar Fomento, a lo mejor te toca la fibra sensible que de tu trabajo dependan la vida de cooperantes o pescadores de atún. No sé, yo no he sido ministra de Exteriores. Tampoco he vivido una guerra, así que a lo mejor no debería ni opinar ni tener un blog ni merecerme vivir. Pero a mí se me han saltado las lágrimas cuando me he despedido de compañeros, cuando me han largado de un trabajo y no lloraba por irme al paro, que es a donde me iba y fijo que ese no es el caso de Moratinos. Lloraba porque tengo corazón y me daba penita.

Yo me molesté con la historia de Japón. No me gusta que tilden a las mujeres, y menos a las niñas, de zorritas. Y menos por llevar minifalda y los labios pintados. Yo los llevo, desde hace años y no soy ninguna zorrita. Pero puestos a elegir, que me llamen ZORRA con todas las letras, que zorrita suena a quiero y no puedo -o peor- a quieres, pero tú a mí no me "enreas". Me molesté con la historia de Japón, pero me encabroné con la explicación. A lo mejor tenían dieciocho, pero yo me tomé la licencia literaria de borrarles cinco años en el DNI por añadir pimienta a la historia. Ea, vamos a decir que son niñas que así pone más. Con dos cojones. 

Y no puedo con las opiniones de los morritos de la ministra. Si a mí tampoco me gusta, si he leído muchas críticas y eso es lo que hay, que para eso eres un personaje público y ahí estás, se te ven los errores más que al resto, ¿qué le vamos a hacer? Seguro que lo asume y que se darían todas las ministras con un canto en los dientes si sólo escrutaran su trabajo. Después de oír las protestas por la ropa de la ministra de Defensa, de meterse con De la Vega (de la Vogue, dicen, los que no valen ni para poner un mote) porque les parece fea, porque el posado de Santa María no era apropiado... ahora vamos a cosificar a una mujer porque tiene la boca carnosa y grande. Y nos retractamos con la boca chica.

Y abren el burdel más grande de Europa en Cataluña. Voces a favor y en contra y yo no me posiciono. Pero sí me dan ganas de echarme a llorar de lástima del ser humano leyendo los comentarios de algunos lectores (lo de algunos es una manera de hablar para consolarme, eran multitud) que sostienen que sale más barato follarse a una puta que ligarse a una mujer que no lo sea. Como esto no sé si se entiende, porque yo no lo entendía, lo explico. Hay presuntos seres humanos por ahí que sostienen que la única manera de echar un polvo sin pagar directamente por él es gastarse una pasta invitando a cenas, a copas y a no sé qué más (que eso por lo visto ya es un capitalito) para que luego la señora en cuestión te engañe para casarse contigo con el único fin de divorciarse después para dejarte pelao. Pues eso significa, pero sigo sin entenderlo. 

Y Berlusconi opina que "es mejor mirar a una chica guapa que ser gay". Esto tampoco lo entendía, porque yo debo ser tonta y porque son frases que suena raro ponerlas juntas así, en una subordinada comparativa. Así que seguí leyendo. Este señor (presidente reelegido, tiene narices) hablaba de haber contratado a unas prostitutas para que bailaran ¿bailaran? Sí, bailaran. El bunga bunga concretamente. Una de ellas, que se sepa, menor de edad. Es decir, que este hombre quería decir que es mejor contratar a una prostituta menor de edad - para presuntamente mirarla -, que el hecho de que a un hombre lo atraiga otro hombre, aunque la atracción sea mutua, gratuita y entre dos adultos. 

Y lo peor, creo de las últimas tres semanas, el dominical de El País. Lo peor porque esos son los que mandan de verdad. Conocemos los consejos de administración de las grandes empresas de España. Busquen caras femeninas o una corbata de colores. Aquí dejo un magnífico análisis de Javi Alonso, que me ha recordado mi cabreo mañanero, porque yo no tengo cuerpo ni testosterona para seguir recopilando barbaridades. Ni siquiera para revisar este artículo, que está escrito con las tripas (revueltas).


Y por cierto, se me ha ido la mano en el título. Afortunadamente conozco muchos hombres repletos de testosterona que la emplean en querer mucho. A otros hombres y a otras mujeres. Debe ser que hay de dos clases, como el colesterol. 



miércoles, 29 de septiembre de 2010

Un día de cólera

Parafraseo a Pérez Reverte, porque escribe como Dios, pero no lo homenajeo, que parece que ya se gusta lo bastante como para que los demás le demos cobilla. Pero a lo mío. Es 29 de septiembre, son casi las diez y cuarto de la noche y, después de una jornada de huelga, toca jornada de reflexión. Para mí, hoy ha sido mi primera huelga general como trabajadora, aunque como estoy de vacaciones no me ha planteado grandes dilemas, simplemente si me quedo en casita o asisto a la manifestación. Por las fotos, veréis que he optado por ir. Pero voy a realizar un ejercicio de imaginación. 

Suponiendo que estuviera trabajando y que no me hubieran adjudicado los servicios mínimos (esto sí que es mucho suponer), ¿habría ido a la huelga? Pues no lo sé. Partiendo de la base de que soy una privilegiada (curiosamente lo soy ahora, hace tres años, cuando saqué la plaza no lo era tanto, una muestra de la degradación del mercado laboral), creo que habría podido ir porque podría haberme permitido perder un día de sueldo. Que parecerá una tontería, pero ya sabemos cómo está el percal... Digamos que en el apartado material, lo tendría resuelto. Pero mi pregunta y mi dilema es ¿se merecen los sindicatos que los acompañemos en una convocatoria de huelga? Sinceramente, creo que no. Lo mismo estoy equivocada, de medio a medio y resulta que llevan los últimos diez años partiéndose la espalda por los trabajadores, pero entonces lo que tienen es un grave problema de marketing, porque la sensación es de que no han hecho nada. Los problemas laborales de los que nos quejamos (si veis las cartas que están mandando jóvenes desempleados a El País) no son nuevos, yo los llevo oyendo desde que soy chica y parece que los medios, los sindicatos y los políticos los están descubriendo ahora. 

A ver, ¿quién no ha encadenado una beca con otra, sin cobrar, por supuesto? ¿Quién, estando de becario no ha suplido un puesto de trabajo? ¿A quién no lo han contratado como un auxiliar de lo que sea, es decir, con una categoría profesional de FP, aunque estuviera licenciado? Y encima, ¿a quién contratado como auxiliar no lo han puesto a desempeñar un puesto de técnico, es decir, de licenciado, con un sueldo de auxiliar? ¿A quién no lo han contratado con dos horas al día para luego echar diez, cotizando dos, por supuesto? ¿A quién no le han exigido que se dé de alta como autónomo para ejercer funciones de asalariado? ¿Quién no ha encadenado contratos y contratos temporales ejerciendo el mismo trabajo, en el mismo edificio, en el mismo despacho y con el culo plantado en la misma silla, pero en empresas sobre el papel distintas para que no lo hicieran fijo? Con las siguientes consecuencias... despido sin indemnización o con indemnización ridícula, cotización... cero a la izquierda o cero con escasos decimales, un paro de risa y, para colmo, sin poder demostrar nada en tu currículum porque tienes menos papeles que el sastre de Camps. 





sábado, 12 de junio de 2010

¿FE?


Llevo mucho tiempo pensando en sentarme y escribir esto. Y no lo he hecho porque quería darme tiempo. Días para reflexionar, para ver la evolución de los acontecimientos, porque no quería plantear una opinión precipitada y ¿por qué no decirlo? porque tenía miedo de equivocarme. Porque los despidos en El Correo de Andalucía me han tocado algo. Porque sé la importancia que tiene el trabajo del periodista, cada día más ignorado -en la acepción castellana de la palabra-, por el público y despreciado por representantes. Porque aprecio el trabajo de muchos de quienes trabajan allí y he tenido la suerte de apreciar algunos profesionales como personas y además, quererlos.

Y no he querido escribir porque tenía mucha fe y porque tenía muy poca. No tenía fe en que se pudieran mantener a una, en que resistieran las presiones que me imagino que habrán soportado, los susurros envenenados, las dudas, el recorte del salario por el mismo trabajo, vamos a ser sinceros... Joder son vidas, son familias, son hipotecas, alquileres, facturas.... Y fíjate qué vergüenza, que sin embargo no perdí la fe en ver en alguna protesta a esas caras que salen casi a diario en ese mismo periódico, con frecuencia para defender los derechos de los trabajadores, incluso de los colegas de profesión. Para denostar la reforma laboral, para exigir el cumplimiento de los convenios de casi todos los sectores...

Y la falta de fe me ha traicionado. Porque ellos sí que han luchado por ellos, por un proyecto y además, por el compañero que se sienta a su lado. Pero todavía me ha traicionado más la fe. Porque un tímido comunicado de la Asociación de la Prensa -que después enmudeció, o eso es lo que se ha visto desde fuera- no me parece que sea apoyar a tus compañeros y mucho menos al sector que has optado por representar y defender. Porque los alumnos de la Facultad, no sé dónde se creen que van a ir a parar, no han sido capaces de cruzar la calle. Porque tampoco he visto a los mismos profesores de Comunicación que hablaban de la relevancia de nuestro trabajo para el funcionamiento democrático de la sociedad. Aunque a decir verdad, también son los mismos que nos animaron a dedicarnos a otra cosa ¿Dónde tantos y tantos cargos públicos que trabajan con estas personas día tras día? Así que gracias, a quienes no les tenía fe, porque me han demostrado que mis errores pueden alegrarme el día, por jodido que sea ese día y por asquerosa que sea la situación. Porque han sido capaces de dar la cara, porque nos hemos enterado de su protesta y esto debería animarnos a protestar más, porque somos muchos y está jodida la cosa. No es la crisis. Estaba hecha una mierda desde hacía mucho tiempo ya. Gracias a todos, porque creo, sinceramente y aunque ahora no lo parezca, que habéis demostrado que puede haber un nuevo día, si estamos juntos. Y buena suerte, a quienes se han ido y que buscarán un futuro mejor, y buena suerte a quienes se han quedado para seguir construyéndolo.
Y a quienes les tenía fe, o más que fe, esperanza, pues la verdad, nada que decirles porque -para ser sincera- tampoco me han decepcionado tanto.

domingo, 21 de marzo de 2010

Quien digo ser



Para que no se te fastidie un viaje hay una serie de cosas que debes evitar y que no siempre están bajo tu control. En primer lugar, es básico que haga buen tiempo. Una ciudad lloviendo es un mal recuerdo, mojado y frío. No ponerse enfermo: evitar viajar constipado, con fiebre o con la regla. Esto último siempre y repito SIEMPRE está fuera de tu control, hasta tal punto que lo único que no falta jamás en mi maleta son tampones e ibuprofeno. Otra cosa básica: no quedarte sin pasta o sin documentación. Cualquier cartel en un sitio medianamente turístico te advertirá de que beware of pickpockets o en mi último caso cuidado con os carteristas. Y yo pensaba que estas cosas estaban bajo tu control. Bolsos con cierre difícil de abrir y pegaditos al cuerpo y punto pelota.

Pues resulta que no. Que puedes llevar una mochila con dos cierres, una cartera tan pesada que cuando la sacas es como si Sísifo hubiera dispuesto de un montacargas, estar en un sitio sin mucha gente, cerrado y rodeado de cámaras y -aún así- los dedos mágicos de los portugueses pueden retirar los cordones de la mochila, abrir el broche, coger la cartera y volverlo a cerrar todo y tú no te vas a dar cuenta hasta que no vas a pagar el exquisito bacalhau grelhado que te acabas de zampar. Primera reacción. Se me ha tenido que caer, haces el camino de vuelta, hablas con los de la recepción de la torre de Belem - que te miran con cara de ¿pero otra vez, todos los días lo mismo?. Pero como son portugueses y son amables (más cumplío que un portugués, dicen en Huelva) te dan todas las facilidades: déjame tu teléfono, el del sitio donde te alojas, el de tu amiga y te explico dónde puedes ir a denunciar.

Instrucciones para que, una vez fastidiado el viaje, el fastidio dure lo mínimo: siempre es buena idea llevar contigo los teléfonos de autoridades varias o, si careces de previsión para estas cosas, haz como yo y llévate a una amiga que sí que sea previsora. Empiezas a llamar a la embajada que te dice que eso es asunto del consulado. Llamas al consulado, donde no te cogen el teléfono, que para eso es viernes y si en España es la hora de la cerveza, allí es la del café con los bolinhos de bacalhau. Así que llamas al teléfono de emergencias de la embajada, donde -yo lo entiendo- con dos secuestrados en Mali, tardé en que me atendieran una vida. Claro que entremedias vas entretenida mirando al suelo a ver si aparece la cartera, en los cubos de basura también (y no te imaginas la cantidad de cubos de basura que hay en un sitio hasta que no te pones a buscar en ellos). Solución del consulado: pon una denuncia en la comisaría de Restauradores, sácate dos fotos de carné, en donde puedas, y vete a la rua do Salitre a emergencias del consulado. Antes de las cinco y media. Si son las cuatro y diez y estás en Belem eso es IMPOSIBLE y TENGO QUE COGER UN AVIÓN, NECESITO UN DNI. Así que después de explicarle que no es factible lo que plantea, te dice que bueno, venga. Que en realidad en el consulado siempre hay alguien de guardia los fines de semana.


Reacción de Noelia ante todo esto (además de apoyo moral y económico). "Pues lo más complicado a mí me parece lo de las fotos". Y resultó que tenía razón. Aún así encontramos un fotomatón en el metro de Cais de Sodré, y al margen del agobio de salir en una foto con el careto de "no he dormido en condiciones en dos semanas y tengo cara de estar sin documentación en un país extranjero" lo cierto es que los fotomatones te dejan posar dos o tres veces para que te quedes con la foto que más te guste. Sí, indocumentada y en un país extranjero y me importa tener una buena foto de carné. Segunda parte: comisaría de Restauradores, atención al turista. Sí, sólo para turistas (¿aquí tenemos algo de eso?, porque es hasta buena idea). Nos atendió el policía más amable del mundo, un señor que se ha ganado con creces la oposición a padre comprensivo y que aunque le cuenten la misma historia una y otra vez, sonríe con una sonrisa de esas de "todo va a salir bien" y "no sabes cómo siento que te haya pasado esto lejos de casa y, encima, en mi país, espero que no te lleves una mala impresión". Pero una cosa son las encantadoras personas y otra, el aparato del estado. Nosotros tenemos el mar4win y los policías portugueses... pues también. Sistema bloqueado. No puedo tramitarte la denuncia hasta que no lo arreglen. Y yo no tenía ningún indicio objetivo que me llevara a confiar más en los informáticos portugueses que en los españoles, en los que ya confío bastante poco, es un gremio poco confiable: están los taxistas, los fontaneros e -inmediatamente detrás- los informáticos. Pero en fin, el amable policía portugués se escribió una denuncia a mano, nos mandó a dar un paseíto, a tomar un café y a volver en un rato, cuando ya lo tuviera todo hecho "me da pena que estéis dos horas aquí para nada". Y eso hicimos.

Al día siguiente. Denuncia en mano, a la embajada. Abrían a las diez, pero eso amigos
míos es SUELO ESPAÑOL y hasta y media NO HAY NADIE. Una vez allí dentro, amable señor portugués o gallego o no sé qué que me hace rellenar un papel, un salvoconducto. Y ahí es cuando la historia empieza a molar. He salido de un país con salvoconducto, como una espía, como Mata Hari, como Ingrid Bergman de Casablanca. Tengo un papel que comienza diciendo "Quien dice ser Isabel Jiménez...", es con diferencia el papel más molón que me ha hecho nunca un funcionario estatal. Como dice mi amigo Pablo, si la vida fuera un juego de rol, tener un salvoconducto te hace interesante +2.


Y la historia termina, como tienen que terminar las historias en un país de gente
amable. Con una amable llamada de teléfono de la chica del hotel que te dice que una amable pareja ha dado con tu cartera, que ha arrojado el amable ladrón a la espalda del monstruo de hormigón que es la embajada española. Un amable ladrón que me ha mangado la pasta, pero que me ha dejado hasta la tarjeta del carnicero. Ah, eso sí, aunque pude montar en el avión con el DNI, el salvoconducto lo llevaba también en la mano, que no se diga.

domingo, 10 de enero de 2010

El eslalom del olivo

Lo que es no saber, no saber nada. Todos envidiamos algo del vecino, de lo que nosotros no tenemos. Y resulta que lo que no tenemos es ni puta idea. Porque acabo de comprobar que eso de "cuidado con lo que deseas porque lo puedes conseguir" es muy cierto. Figúrate que yo he tardado años en conseguir que se me cumpliera ese deseo de cumpleaños de ver nevar, pero bien, y a ser posible, desde mi casa. Y hoy, si hubiera podido darle un cosqui a la Isa de hace quince años, me hubiera llevado una colleja tal que habría roto la barrera del espacio tiempo y me habría escocido a diez de enero de 2010.

Porque entre esas cosas que envidiamos, y hablo en nombre de un colectivo muy grande que voy a llamar aquí " los del templado sur" está la nieve. Tengo una amiga que le encanta esquiar y envidia a los granadinos que tienen Sierra Nevada ahí al lado, a un tiro de piedra. Puestos a tener pelusa, digo yo que ya podía envidiar a quienes viven en las faldas de Baqueira Beret, que seguro que es una estación magnífica. Porque de la Casa Real se pueden decir muchas cosas, pero desde luego pocos iban a discutir que saben escoger y -sobre todo- pueden hacerlo. También tengo una compañera que hace fotos. No en plan como las hago yo, sino chulas de verdad. Y me decía un día que envidiaba los paisajes invernales que le enviaba un amigo suyo -también fotógrafo- de Noruega o del norte de Alemania o de por ahí. De un sitio lejano y frío. Claro que en mi opinión, ella hace atardeceres preciosos en Huelva y se moja los pies con agua fresquita, no se le calan las botas de nieve para conseguirlo. Pero bueno, eso es otra cuestión. Y luego están los que se han criado con Galerías Preciados y echan de menos la nieve por lo de tener unas navidades blancas. Algunos como consuelo, le echan corchopán al Belén, sin piedad por ese pobre niño que sólo lleva un pañal.

Yo hoy he envidiado a los alemanes del norte, a los noruegos, a los de Monachil y hasta al romano del castillito del Belén. Porque el deseo de cumpleaños se me ha cumplido y por poco no llego a Sevilla. Lo que empezó siendo una simpática nevada a mediodía en Córdoba, se hizo emocionante cuando parecía que empezaba a cuajar y acojonante cuando cuajó de verdad. Si cuando llueve cualquier ciudad andaluza ya es el caos, imaginaos qué puede pasar con nieve. Pues esto. Kilómetros de retenciones, un carril habilitado de tres que hay y más de una hora para pasar de la cuesta del Espino. Y yo me he dado cuenta de que no sé conducir con nieve y de que no tengo cadenas. Es más. Ni sé la pinta que tienen ni dónde se pueden comprar. También me he dado cuenta de que da mucho miedo sentir como el coche resbala por carreteras que se han convertido en una pista de patinaje y mucho agobio verte rodeada de otros conductores que, por lo que sé, están más o menos como yo.

También añado que mi teléfono no ha dejado de sonar con las alertas del 112 y también con las incidencias. Medio centenar en Córdoba capital (en domingo), la A-4 cortada y el Córdoba - Rayo que no se ha podido jugar. Y ha nevado apenas tres horitas. Eso sí, se han cumplido los deseos de muchos. Si a alguien se le hubiera ocurrido, aunque tendría que consultar con un experto, la campiña podría haber sido un sitio estupendo para practicar una nueva disciplina invernal que llamaría, por ejemplo, el eslalom del olivo. Tampoco nos han faltado paisajes invernales. La verdad es que un atasco no es el mejor sitio para hacer el encuadre de mi vida pero hay fotos que dejan intuir que eran preciosos.
Y la situación, pues ésa. Que no había manera de andar por allí, ni para adelante, ni para detrás. Al margen de los coches y los bonitos paisajes, sólo veía quitamiedos destrozados, grúas de Mapfre, coches de la Guardia Civil y palas quitanieves. También había un pobre agente que estaba tapado hasta las cejas, resbalando a cada dos pasos y moviéndose exageradamente -digo yo que intentaba entrar en calor- para indicarnos el sitio más seguro. Y estaban los de limpieza de carreteras jugándose el tipo para despejar un carril y que pudiéramos salir de ahí todos los que no habíamos escuchado o habíamos pasado de las advertencias del ministerio. Aunque a través de las ondas, también estaban al pie del cañón los compis de Radio Cinco conectando con los chicos de la DGT para contarnos el minuto a minuto de las carreteras y orientar y animar a los conductores que empezaban a desesperarse. Así que a todos, gracias por sacarnos de ahí, porque ha habido momentos que yo pensé que nos quedábamos en la A-4. Ah, y gracias también a Joaquín Sabina que me ha tenido casi dos horas de atasco sonriendo y cantando al ritmo de Cristina. Si pudiera, le daba un achuchón a través del espacio tiempo para llegar al 91 y agradacerle esas Mentiras Piadosas.

domingo, 3 de enero de 2010

Frases luminosas



De las primeras cosas que estudiamos en la Facultad recuerdo las implicaturas conversacionales, esas frases que dicen una cosa, pero significan otra muy distinta, que se comprende por la complicidad del emisor y el receptor. Por ejemplo, si alguien dice que a cierto príncipe monegasco no le gusta el agua, evidentemente no quiere decir que sólo bebe coca cola, sino que la coca cola no la bebe sola. Eso es una implicatura conversacional. Otro ejemplo, "Cariño, hace frío". Eso no es hablar por hablar del tiempo, eso para el ascensor. La frase tiene muchas lecturas, una de ellas "abrázame" otra, "cierra la ventana, coño". Eso es otra implicatura conversacional. Y luego están las frases que tienen una segunda parte y que no decimos para poder vivir en sociedad sin partirnos la cara unos a otros, pero que están ahí, que aparecen en nuestra mente, suenan en nuestros oídos y que flotan en el aire. Incluso, si el aire es muy denso, brillan en él. La semana pasada tuve una tarde repleta de esas segundas implicaturas.

Por estos Reyes, yo (original de mí) he decidido, seducida por la vista de George Clooney y la posibilidad de que John Malkovich me reciba en otra vida, regalar una Nespresso. Compré la cafetera con tiempo y ahí entra en funcionamiento el mismo mecanismo mental que te hace verte súper delgada después de un día en el gimnasio. "He hecho la primera compra en noviembre, así que ya está, este año no me coge el toro ni me voy a comer una cola". Y un mes después entró en escena la cruda realidad con esa frase que un día se ilumina en tu mente "Yuncarajopamí, un año más NO ME VA A DAR TIEMPO". Porque la cafetera la tengo sí, pero algo habrá que meterle y el señor Nespresso no vende el café en más sitios que su boutique (porque no tienen tiendas) o por internet (y te clavan cinco euros, ni que lo trajera Juan Valdés atravesando los andes a lomo de mula como si fuera Lope de Aguirre).

Así que me fui a la boutique de Nespresso, ese espacio amplio, blanco nuclear, inmaculado y con amables señoritas que te ofrecen un café mientras esperas, porque la tienda es grande, pero las tres colas de dentro llegaban hasta Plaza Nueva. Tras una hora a pie quieto
(en la que me dio tiempo a ver todos y cada uno de los accesorios para la Nespresso, que tiene la misma filosofía que la Barbie) llegué hasta el mostrador. Allí expliqué (de mala gana, no lo niego) que lo único que quería era una cosa surtidita para que mis padres probaran los cafés y luego eligieran el que les gusta (y que como viven en Córdoba y allí no hay boutique, voy a tener que traer yo haciendo interminables horas de cola, que van a consumir mi tiempo y mi paciencia). El amable y trajeado señor me explicó que si yo me hacía socia del club Nespresso tenía un magnífico regalo de bienvenida de 250 cápsulas por el módico precio de 80 euros. Como una selección normal, elegida por mí, valía sesenta, quise quedarme con ella. El señor amable y trajeado fue perdiendo la sonrisa por momentos porque mi estupidez supina no me permitía ver las ventajas que me daba su selección preseleccionada: - "Sólo le va a costar veinte euros menos".
- "Pero es que yo no tengo cafetera, no me sé los datos de mis padres y además no se los voy a dar sin su permiso"
- "Pero le puedo hacer una ficha de cliente de paso".
- "Pero es que no quiero, porque yo no tengo cafetera".
Esta conversación, idéntica en el contenido y con distintas variaciones sobre el continente, se prolongó durante un rato, hasta que...
- "Vamos a ver, pero ¿me descuentan algo por comprar la selección"
- "No, pero - y aquí el tono de voz del señor trajeado, porque ahora ya no era amable, empezó a ser cortante ante mi incapacidad de ver un buen negocio- nuestra selección viene en una caja, estúpida retrógrada sobreproteccionista" (esto último no lo dijo, pero es de esas frases que sin oírse quedan flotando en el aire como un cartel luminoso.
"Y si no la quiere, pues mejor para mí, me ahorro el trabajo de hacerle una ficha"
- "Pues estupendo entonces, gracias. Pero si los dos queríamos lo mismo desde primera hora, ¿por qué llevo aquí quince minutos discutiendo?" (Esto último no lo dije, pero también quedó flotando, como un pequeño neón).
Conseguí irme, con mis datos intactos, 60 euros en café y sin la maravillosa caja de cartulina. Empieza a llover, coño otra vez, me cojo un taxi. Allí dentro, un cartel, no se da cambio de más de veinte euros. "Mierda, el cajero me ha dado cincuenta".
- ¿Le importa, que sólo tengo ésto?
- Pues o cambia en alguna parte o no la puedo llevar.
- Pues me voy, menuda pandilla de impresentables, esto qué manera es de llevar un negocio, que me ha costado la vida encontrar un taxi y luego se manifiestan para decir que sobran (esto tampoco lo dije en voz alta, pero es de esas frases que son luminosas, no como neones, sino como fuegos artificiales porque son muchos quienes las piensan a la vez).

Encontré otro, le expliqué mi problemática y, aunque me miró de arriba a abajo con cara de desaprobación, me llevó a casa, enfadada con el señor de la Nespresso, con el taxista primero, con el taxista segundo, pero menos, con todos los que estaban haciendo cola en la boutique y me hicieron perder una tarde, con la humanidad y la vida alienígena, pero sobre todo, conmigo misma. Esto -me decía- no me pasa si regalo una cafetera normal de la tienda de menaje de aquí abajo. Esto -me decía- me pasa por pija.